lunes, 14 de septiembre de 2015

LA MIGRACIÓN SUR-NORTE ES YA UNA CRISIS HUMANITARIA

Por Raúl Ramírez Baena*

Las dos regiones del mundo con mayores riesgos para las personas migrantes son el Mar Mediterráneo y México. En ambas, la movilidad humana tiene su origen en la pobreza, pero ahora más que nunca, en la violencia.

Sobre la emigración del Norte de África, Afganistan y Siria, se calcula que en los primeros  seis meses de 2015 han ingresado a Europa 137 mil personas huyendo de los conflictos armados en sus países.

En lo que va del año más de 2,600 migrantes se han ahogado en el Mediterráneo. La magnitud de la tragedia se midió por la foto de Aylan que dio la vuelta al mundo, menor sirio de 3 años ahogado junto con su hermano mayor y su madre en una playa de Turquía.

La oleada de migrantes sirios que buscan asilo en Europa huyendo de la cruenta guerra desatada por el movimiento extremista Estado Islámico (EI) y el gobierno sirio, hace pagar ahora a los países de la Unión Europea la complicidad con las políticas de intervención armada encabezada por los Estados Unidos en Medio Oriente, mediante conflictos desencadenados para la apropiación del petróleo y el gas y para contrarrestar lo que consideran la amenaza de Rusia y China a sus intereses estratégicos.

Para nadie es un secreto que la CIA y el Pentágono, con la complicidad de Inglaterra, Alemania, Francia, Arabia Saudita y otros países europeos, entrenaron a las fuerzas de Al Quaeda y a otros grupos radicales, entre los que surge y destaca el EI por su extrema violencia y crueldad para arrasar ciudades y civiles.

La intervención de Occidente en Medio Oriente ha corrompido y desestabilizado a la región provocando la radicalización armada de las tribus y sectas musulmanas, diluyéndose la línea entre los justos y los verdugos. Así nace el nuevo éxodo.

Contradictoriamente, los países de Europa Oriental, antes socialistas, y la derecha europea, son los que más rechazan a los exiliados, en un preocupante resurgimiento de la xenofobia y el fascismo en el viejo continente, que ven a los nuevos refugiados como una carga y no como seres humanos que huyen de los conflictos, a quienes hay que ayudar.

Siria era hasta el año 2011 símbolo de los países más estables y cultos de la región, cuna de la civilización humana junto con Irak (hoy destruidos sus vestigios por el EI), foco de resistencia al imperialismo y al sionismo y base de la solidaridad con Palestina. Norteamericanos, europeos y saudiárabes estallaron la guerra en Siria teniendo como objetivo Irán, para asumir el control total de la región y, por ende, de sus recursos petroleros. Ello ha ocasionado el éxodo de más de 12 millones de personas entre desplazados internos y hacia otros países.

En América, migrantes mexicanos y centroamericanos huyen de la pobreza y de la violencia desatada en sus lugares de origen, siendo víctimas del crimen organizado y de autoridades corruptas durante el tránsito por territorio mexicano, aunado a la severidad de las políticas migratorias impuestas por los Estados Unidos.

Hasta principios de los 90, los inmigrantes tenían que lidiar con la Patrulla Fronteriza estadunidense y con la corrupción de las autoridades mexicanas; los polleros eran prestadores de servicios que cruzaban una y otra vez a los migrantes por bajo precio. Hoy los traficantes son miembros del crimen organizado.

El inicio del Operativo Guardián en 1994, diseñado por el Pentágono bajo la Doctrina de la Seguridad Nacional, mediante la construcción de la barda metálica fronteriza, sensores sísmicos, visión nocturna, drones, helicópteros y más guardias fronterizos, y las reformas a la Ley de Inmigración Ilegal y Responsabilidad de Inmigrantes de 1997, que impuso el ID Sistem y la criminalización del ingreso “ilegal”, provocó la muerte de miles de migrantes en las montañas, canales, ríos y desiertos, así como el encarcelamiento de cientos de miles y la posterior repatriación y exclusión de quienes reincidían en el ingreso “ilegal”.

Con el derrumbe de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, la frontera se reforzó más que nunca, aunado a la acción impune de los Minuteman (caza migrantes).

Ahora, los migrantes mexicanos y centroamericanos son rehenes de la delincuencia organizada, traducido esto en cargar droga durante el cruce, ser víctima de trata sexual o laboral, secuestro, extorsión, violación sexual, homicidio y entierros en fosas clandestinas. Para rematar, riesgo de muerte o mutilación en La Bestia durante la ruta.

El Plan Frontera Sur, “Acciones para la Protección Integral del Migrante” –versión mexicana del Operativo Guardián adoptado por la administración Peña Nieto en julio de 2014 siguiendo las instrucciones de Barak Obama-, se distingue por deportaciones masivas de centroamericanos, aumento de riesgos y cacería oficial desde la frontera sur hasta la frontera norte de México, poniéndolos a la mano del crimen organizado.

 “Si en México los migrantes flotaran como flotan en el mar Mediterráneo, tendríamos cadáveres por todo México flotando. Los migrantes aquí son invisibles, terminan en las fosas clandestinas o terminan como esclavos sexuales y laborales”, dijo Marta Sánchez Soler del Movimiento Migrante Mesoamericano.

Para el sacerdote Rubén Pérez Ortíz de la Casa de la Caridad Hogar Migrante en San Luis Potosí, el 90 por ciento de las mujeres migrantes sufre violación sexual. “Mientras Estados  Unidos levanta muros, aquí cavamos fosas para enterrarlos”, dijo Fray Tomás González Castillo, del albergue La 72 de Tenosique, Tabasco.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste





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