LA MIGRACIÓN SUR-NORTE ES
YA UNA CRISIS HUMANITARIA
Por Raúl Ramírez Baena*
Las dos regiones del mundo con mayores riesgos para las
personas migrantes son el Mar Mediterráneo y México. En ambas, la movilidad
humana tiene su origen en la pobreza, pero ahora más que nunca, en la
violencia.
Sobre la emigración del Norte de África, Afganistan y Siria, se
calcula que en los primeros seis meses
de 2015 han ingresado a Europa 137 mil personas huyendo de los conflictos
armados en sus países.
En lo que va del año más de 2,600 migrantes se han ahogado en
el Mediterráneo. La magnitud de la tragedia se midió por la foto de Aylan que
dio la vuelta al mundo, menor sirio de 3 años ahogado junto con su hermano mayor
y su madre en una playa de Turquía.
La oleada de migrantes sirios que buscan asilo en Europa huyendo
de la cruenta guerra desatada por el movimiento extremista Estado Islámico (EI)
y el gobierno sirio, hace pagar ahora a los países de la Unión Europea la
complicidad con las políticas de intervención armada encabezada por los Estados
Unidos en Medio Oriente, mediante conflictos desencadenados para la apropiación
del petróleo y el gas y para contrarrestar lo que consideran la amenaza de
Rusia y China a sus intereses estratégicos.
Para nadie es un secreto que la CIA y el Pentágono, con la
complicidad de Inglaterra, Alemania, Francia, Arabia Saudita y otros países
europeos, entrenaron a las fuerzas de Al Quaeda y a otros grupos radicales,
entre los que surge y destaca el EI por su extrema violencia y crueldad para arrasar
ciudades y civiles.
La intervención de Occidente en Medio Oriente ha corrompido y
desestabilizado a la región provocando la radicalización armada de las tribus y
sectas musulmanas, diluyéndose la línea entre los justos y los verdugos. Así
nace el nuevo éxodo.
Contradictoriamente, los países de Europa Oriental, antes
socialistas, y la derecha europea, son los que más rechazan a los exiliados, en
un preocupante resurgimiento de la xenofobia y el fascismo en el viejo
continente, que ven a los nuevos refugiados como una carga y no como seres
humanos que huyen de los conflictos, a quienes hay que ayudar.
Siria era hasta el año 2011 símbolo de los países más
estables y cultos de la región, cuna de la civilización humana junto con Irak
(hoy destruidos sus vestigios por el EI), foco de resistencia al imperialismo y
al sionismo y base de la solidaridad con Palestina. Norteamericanos, europeos y
saudiárabes estallaron la guerra en Siria teniendo como objetivo Irán, para
asumir el control total de la región y, por ende, de sus recursos petroleros.
Ello ha ocasionado el éxodo de más de 12 millones de personas entre desplazados
internos y hacia otros países.
En América, migrantes mexicanos y centroamericanos huyen de
la pobreza y de la violencia desatada en sus lugares de origen, siendo víctimas
del crimen organizado y de autoridades corruptas durante el tránsito por territorio
mexicano, aunado a la severidad de las políticas migratorias impuestas por los
Estados Unidos.
Hasta principios de los 90, los inmigrantes tenían que lidiar
con la Patrulla Fronteriza estadunidense y con la corrupción de las autoridades
mexicanas; los polleros eran
prestadores de servicios que cruzaban una y otra vez a los migrantes por bajo
precio. Hoy los traficantes son miembros del crimen organizado.
El inicio del Operativo Guardián en 1994, diseñado por el
Pentágono bajo la Doctrina de la Seguridad Nacional, mediante la construcción
de la barda metálica fronteriza, sensores sísmicos, visión nocturna, drones,
helicópteros y más guardias fronterizos, y las reformas a la Ley de Inmigración
Ilegal y Responsabilidad de Inmigrantes de 1997, que impuso el ID Sistem y la criminalización del
ingreso “ilegal”, provocó la muerte de miles de migrantes en las montañas,
canales, ríos y desiertos, así como el encarcelamiento de cientos de miles y la
posterior repatriación y exclusión de quienes reincidían en el ingreso
“ilegal”.
Con el derrumbe de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de
2001, la frontera se reforzó más que nunca, aunado a la acción impune de los Minuteman (caza migrantes).
Ahora, los migrantes mexicanos y centroamericanos son rehenes
de la delincuencia organizada, traducido esto en cargar droga durante el cruce,
ser víctima de trata sexual o laboral, secuestro, extorsión, violación sexual,
homicidio y entierros en fosas clandestinas. Para rematar, riesgo de muerte o
mutilación en La Bestia durante la
ruta.
El Plan Frontera Sur, “Acciones para la Protección Integral
del Migrante” –versión mexicana del Operativo Guardián adoptado por la administración
Peña Nieto en julio de 2014 siguiendo las instrucciones de Barak Obama-, se
distingue por deportaciones masivas de centroamericanos, aumento de riesgos y
cacería oficial desde la frontera sur hasta la frontera norte de México,
poniéndolos a la mano del crimen organizado.
“Si en México los migrantes flotaran como
flotan en el mar Mediterráneo, tendríamos cadáveres por todo México flotando.
Los migrantes aquí son invisibles, terminan en las fosas clandestinas o
terminan como esclavos sexuales y laborales”, dijo Marta Sánchez Soler del Movimiento Migrante
Mesoamericano.
Para el sacerdote Rubén Pérez Ortíz de la Casa de la Caridad
Hogar Migrante en San Luis Potosí, el 90 por ciento de las mujeres migrantes
sufre violación sexual. “Mientras
Estados Unidos levanta muros, aquí
cavamos fosas para enterrarlos”, dijo Fray Tomás González Castillo, del
albergue La 72 de Tenosique, Tabasco.
*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos
del Noroeste
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