lunes, 29 de septiembre de 2014

AGENDA DE DERECHOS HUMANOS, PENDIENTE EN EL INFORME DE KIKO VEGA

Por Raúl Ramírez Baena*

Nos queda claro que el gobernador Francisco Vega no hablará o hablará muy poco en su primer Informe de Gobierno sobre el cumplimiento de los compromisos del estado de Baja California en materia de derechos humanos.

Para el tratamiento del tema el mandatario tiene asesores que lo pueden apoyar. El nombramiento de José Luis Pérez Canchola como Asesor en Derechos Humanos, nuevo puesto a nivel de gabinete creado en esta administración, creo muchas expectativas por la destacada trayectoria de Pérez Canchola.

Sin embargo, al no estar claramente definidas la misión, visión y objetivos del nuevo puesto, José Luis se encuentra acotado por las corrientes políticas que confluyen al interior del gabinete estatal.

Por su parte, la Coordinación de Enlace y Seguimiento de Derechos Humanos de la Secretaría General de Gobierno, cuyo titular es el Lic. Eleazar Verástegui, sólo registra asuntos, informa al Secretario y coordina los trabajos de lo que será el Programa Estatal de Derechos Humanos, que se construye mediante el concurso de ONG, las academias, los tres Poderes del Estado y la PDH, compromiso de todas las entidades federativas del país con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

A pesar del trabajo que realiza Pérez Canchola documentando violaciones graves a los derechos humanos y la situación de la población cancelaria en Baja California, no se observa el diseño y ejecución, con participación de la sociedad civil, de una POLÍTICA ESTATAL en materia de Derechos Humanos; no hay lineamientos claros para las dependencias y organismos públicos estatales (educación, salud, vivienda, desarrollo social, servicios públicos); no se promueve la creación de áreas de derechos humanos en la PGJE y en las dependencias de Seguridad Pública estatal y municipales, no hay cabildeo de leyes ante el Congreso del Estado para la armonización con los estándares nacionales e internacionales  en temas como tortura, desaparición forzada, igualdad sustantiva entre hombres y mujeres, personas defensoras de los derechos humanos y periodistas, etc.

Si bien los casos de tortura en Baja California que documentó la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste (CCDH) en el período 2009-2012 (que sirvieron de base al Relator de la ONU sobre la tortura, Juan E. Méndez, en su visita a Baja California el pasado 30 de abril, a Amnistía Internacional, que el 12 de septiembre presentó su Informe sobre tortura en Tijuana, y la denuncia que ese mismo día presentamos tres ONG a la Fiscal General de la Corte Penal Internacional de La Haya) no sucedieron en la actual administración estatal, no se observa voluntad política para ahondar en las investigaciones y consignar al Poder Judicial las denuncias ya interpuestas por las víctimas de tortura ante el fuero común, en especial en contra de Julián Leyzaola, Gustavo Huerta y agentes de la Policía Estatal Preventiva señalados, fomentando con ello la impunidad. Aunque en menor medida, se siguen registrando casos.

El desaire del gobernador Kiko Vega a los directores de Amnistía Internacional México y Canadá al no recibirlos personalmente, como lo establece el protocolo en estos casos, es una señal preocupante. Quizá su círculo más cercano lo mal aconsejó o no le informó adecuadamente sobre la trascendencia de la visita.

El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), en el marco de la Campaña Nacional para Prevenir la Tortura, puso a disposición del gobierno del estado la capacitación gratuita a agentes ministeriales, custodios penitenciarios y policías estatales y municipales, sobre el uso de la fuerza y protocolos para la detención de las personas, así como la realización de un Foro Estatal sobre el tema de la tortura. Nada se ha concretado.

En cuanto a la PGJE, en su estreno en la aplicación del Protocolo de Estambul, el peritaje en el caso de Adrián Vázquez Lagunes, torturado y gravemente lesionado por la PEP en 2012, puesto al borde de la muerte, quien hoy está siendo procesado en El Hongo por droga y armas sembradas durante su detención ilegal, resultó “negativo” según la Procuraduría, a pesar de las evidencias de tortura. Mal comienzo.

Desde que Kiko era gobernador electo, la CCDH intentó infructuosamente entrevistarse con él para presentarle una AGENDA DE DERECHOS HUMANOS. De habernos escuchado quizá otra sería la posición oficial. No se pudo y no se ha podido realizar ese encuentro, tampoco con el Secretario General de Gobierno, Francisco Rueda. Es una pena.

Quedan pendientes otros delicados temas como la desaparición forzada de personas, delito continuo que no prescribe, doloroso para los familiares, aunado a la escasa actuación del Ministerio Público en el desahogo de las denuncias; los derechos indígenas, tanto de nativos como de indígenas establecidos en el estado; sobre las violaciones a los derechos humanos de los migrantes, asunto aún no atendido por el Consejo Estatal de Migración, las violaciones a los derechos económicos, sociales y culturales (educación, salud, vivienda, seguridad social, trabajo con salario digno, alimentación), que abonan al incremento de la pobreza y la marginación en el estado, y otros.

Si así están las cosas, en lugar de evadir o negar los señalamientos y denuncias, lo mejor sería que el gobierno estatal ajustara sus políticas e incluya la Agenda de Derechos Humanos entre sus prioridades. Aún es tiempo. Y que las autoridades responsables de violaciones a los derechos humanos, pasadas y presentes, autores materiales o intelectuales por acción u omisión, asuman su responsabilidad.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, AC

Septiembre de 2014

miércoles, 3 de septiembre de 2014



LA DESAPARICIÓN DE PERSONAS, HERIDA ABIERTA EN LA SOCIEDAD

Por Raúl Ramírez Baena*
A la memoria de Cristina Palacios de Hodoyan

En homenaje a las 30.000 víctimas de la dictadura militar argentina de los años 70’, la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos declaró el 30 de agosto como el "Día Internacional del Detenido Desaparecido".

Se conoce como “persona desaparecida” a aquellas personas cuya localización se desconoce por alguna razón. Generalmente se relaciona con guerras, catástrofes, desplazamientos de migrantes o refugiados, por secuestro u otra situación de violencia, pero también se incluye a las personas que se han perdido, a menores o mujeres que han huido del seno familiar y a posibles víctimas de secuestros o de homicidio. Todos ellos, cuyo paradero se desconoce.

Por su parte, la “desaparición forzada de personas” es reconocida como una violación a los derechos humanos, que se define por la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas como “el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de la libertad, cometida por agentes del Estado o por cualquier otra persona o grupo de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia[1] del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley.”  

Para el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, que aborda los crímenes de lesa humanidad desde la responsabilidad penal individual, no de los Estados, la desaparición forzada de personas consiste en: “La aprehensión, la detención o el secuestro de personas por un Estado o una organización política, o con su autorización, apoyo o aquiescencia, seguido de la negativas a admitir tal privación de la libertad o dar información sobre la suerte o el paradero de esas personas, con la intención de dejarlas fuera del amparo de la ley por un período prolongado.”

En los distintos instrumentos internacionales encontramos cinco elementos comunes que distinguen la Desaparición Forzada de Personas: 1) Privación de la libertad; 2) participación del Estado, de un grupo político, militar, paramilitar o criminal; 3) ocultamiento de la o las víctimas; 4) coparticipación e, 5) intencionalidad. 

Es muy frecuente que las personas desaparecidas jamás sean liberadas y que su suerte nunca llegue a esclarecerse. Sus familias en la mayoría de los casos, jamás llegan a saber qué les sucedió. Por ello, la Desaparición Forzada de Personas es considerada como un delito continuo, que no prescribe mientras no se conozca el paradero de la o las personas desaparecidas, y que frecuentemente es acompañada por otras violaciones graves a los derechos humanos como la detención arbitraria, la tortura y la ejecución extrajudicial.

Los familiares de las personas desaparecidas en relación con un conflicto armado u otra situación de violencia, padecen grandes sufrimientos y dificultades económicas mientras luchan por averiguar el paradero de sus familiares desaparecidos.

En México hay dos etapas claramente identificadas en torno a la Desaparición Forzada de Personas: La época de los 70’s y 80’s, reconocida como la “guerra sucia”, desatada por el gobierno mexicano en contra de las personas opositoras al régimen, aplicándoles medidas extralegales como la desaparición forzada. Y la “guerra contra el narcotráfico”, agudizada durante el gobierno de Felipe Calderón, en el que la cifra de desaparecidos a consecuencia de la política oficial durante ese sexenio fue de poco más de 26 mil personas.[2]

La omisa CNDH

Contradictoriamente, el titular de la CNDH, Raúl Plascencia, ha declarado recientemente que en el transcurso del año no se ha reportado ningún desaparecido con intervención de la autoridad. “Sí hay y sigue habiendo levantones o situaciones en donde el crimen organizado va privando de libertad a las personas, pero tratándose de aquellas desapariciones en donde la autoridad intervenía, llevando a cabo detenciones de personas a las cuales jamás se volvía a ver, no tenemos reportes.”[3]

La precipitada declaración del Ombudsman nacional, quizá intentando su ratificación por 5 años más en el cargo, omite considera que, aun tratándose de desapariciones provocadas por el crimen organizado y mientras no se desahoguen las investigaciones ministeriales (que generalmente son deficientes), surgen a consecuencia de las políticas públicas de combate al crimen organizado, por lo que no se puede descartar participación de autoridades en la desaparición de las personas, mediante su anuencia, o su responsabilidad por omisión en las investigaciones.

No hay claridad sobre la cantidad de personas desaparecidas, advirtió Santiago Corcuera Cabezut, del Comité sobre las Desapariciones Forzadas de la ONU. Las cifras se confunden entre los casos del Gobierno de Enrique Peña Nieto sexenio y los ocurridos en la administración de Felipe Calderón, dijo el funcionario. Recordó que hace unas semanas trascendió el número de 10 mil desaparecidos que al parecer no estaban en la lista original que consideró la actual administración al iniciar, aunque “no queda claro si son de este sexenio o no estaban registradas”. [4]

Lo impreciso de las cifras y de la información sobre personas desaparecidas no da lugar a exonerar a la actual administración de Peña Nieto, como lo hizo el Ombudsman nacional, porque ello alienta la impunidad y ahonda el dolor y el sufrimiento de las familias.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, A.C.
Septiembre de 2014




[1] Aquiescencia: Anuencia o consentimiento
[2] http://mexico.cnn.com/nacional/2013/02/26/26121-personas-desaparecidas-en-el-gobierno-de-calderon-reporta-segob
[3] http://www.jornada.unam.mx/2014/08/30/politica/003n2pol
[4] http://www.sdpnoticias.com/nacional/2014/08/27/onu-demanda-aclarar-cifras-sobre-desaparecidos