domingo, 24 de noviembre de 2013

URGE REFORMA POLICIAL DEMOCRÁTICA EN BC
Por Raúl Ramírez Baena*
En memoria de Don Oscar Genel
“Los gobiernos pasan pero la policía queda”
Costa Gavras, cineasta franco-griego

Al inicio de la nueva administración estatal y en los albores de los próximos gobiernos municipales de Baja California, se ha agudizado la inseguridad a la par que los abusos de la Policía Estatal Preventiva y de las policías municipales, quienes ocupan ya el primer lugar en violaciones a los derechos humanos en la entidad al retirarse el ejército de las calles.
Partiendo de que la Seguridad Pública es un derecho humano, es claro que ningún gobierno puede presumir una exitosa política de seguridad (como falsamente se publicitó en los gobiernos anteriores el caso de Tijuana), si las policías violan de manera sistemática los derechos humanos de la ciudadanía y de los propios policías, si personajes como Julián Leyzaola son considerados “héroes” por autoridades y algunos sectores de la sociedad.
Lo más preocupante es que no hay señales de cambio, de proyectos estratégicos que marquen un rumbo distinto para mejorar las cosas. Aún con los nuevos gobiernos, no es difícil prever que las policías van a salir de nuevo a las calles a hacer lo mismo de siempre: patrullajes sin plan específico, operativos especiales, detenciones arbitrarias de sectores vulnerables, operativos mochila y retenes; allanamientos y cateos ilegales, siembra de evidencias, falsas acusaciones, extorsión y tortura de detenidos, impregnados con altas dosis de corrupción e impunidad. Todo ello bajo la complacencia de los agentes del Ministerio Público del fuero federal y del fuero común que pueden frenar esos excesos.
La falta de una Cultura de los Derechos Humanos y el incremento de la violencia criminal permiten la impunidad, creándose la percepción popular de que todo es válido, incluso los abusos de autoridad, para hacer cumplir la ley. Así por ejemplo, la autoridad justifica el tratamiento del fenómeno migratorio, del comercio informal, de las adicciones y de las trabajadoras sexuales desde el ámbito de la seguridad púbica en lugar del ámbito social, como es la recomendación de la ONU. 
Un elemento que resulta indispensable plantear es la relación entre políticas de seguridad y políticas sociales dentro de la concepción más amplia de la política criminal, pues un riesgo latente es considerar que la criminalidad tiene su base únicamente en el comportamiento individual y que no está relacionada con causas sociales, eximiendo la obligación del Estado de procurar una condición de vida digna a los sectores marginados en una sociedad profundamente desigual, donde también tengan plena vigencia los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.
Una de las manifestaciones más notorias de la crisis por la que atraviesan las áreas de seguridad y de procuración de justicia en Baja California, es la continua liberación por el Poder Judicial de personas detenidas por las policías preventivas e investigadoras. Lo más fácil para las autoridades, haciéndose eco en algunos medios de comunicación, es echarle la culpa de dichas liberaciones a los jueces o, de plano, al Nuevo Sistema de Justicia Penal.
Es evidente que los principales responsables de la impunidad son la mala integración de las averiguaciones previas por el Ministerio Público y las violaciones al debido proceso, a la presunción de inocencia, la tortura y otras, por las policías, desde la detención misma de las personas, que anula ante los Jueces de Control (que en esencia son jueces de derechos humanos) las pruebas presentadas por estar contaminadas de origen. Como si no hubiera sido suficiente la lección que dejó a México el caso Florence Cassez.
Hoy, las autoridades no pueden apostar a que el ejército va a salvarlos de la crisis de inseguridad. Ante el desgaste y descrédito que sufrieron las fuerzas armadas en el sexenio anterior, salvo excepciones como Michoacán, ahora se concentran en acciones de inteligencia.
Algunos cambios que se pueden hacer en una Reforma Policial
1.- Lo primero que las autoridades pueden hacer es voltear la mirada hacia el paradigma de la Seguridad Ciudadana, propuesto por la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, que propone policías comunitarias arraigadas a sus comunidades de origen, privilegiando el diálogo, la conciliación y la mediación de problemas, sobre la base de que la Seguridad Pública no es un asunto sólo de policías sino de toda la administración pública en su conjunto; de la identificación de los “factores de riesgo” que inciden en la inseguridad y las adicciones y la detección y canalización de las demandas y necesidades de las comunidades.
El concepto tradicional de Seguridad Pública está vinculado a una visión del Estado que se preocupa más por garantizar el orden por el orden mismo; en cambio, la Seguridad Ciudadana remite a sistemas en los que se promueven modelos policiales acordes con la participación ciudadana. Además, la seguridad no se limita solamente a la lucha contra la delincuencia, sino que busca crear un ambiente propicio y adecuado para la convivencia pacífica de las personas;
2.- Hacer efectivo el Servicio Policial de Carrera para que los puestos de dirección y de mando, las vacantes y los nuevos puestos sean ocupados a concurso mediante convocatoria pública.
Esto ayudará a evitar los cambios discrecionales de mandos de una administración a otra y el arribo a estas posiciones de personas sin la experiencia y el perfil adecuado (obedeciendo al cumplimiento de las consabidas cuotas de poder), sin planes de desarrollo continuo, provocando el descontrol y el descontento al interior de las corporaciones por las injusticias cometidas;
3.- Aunque es un mandato de carácter federal previsto en la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el Sistema de Control de Confianza debe ser revisado profundamente para impedir que se violen los derechos a la presunción de inocencias y a la información de los integrantes de las instituciones de seguridad pública sobre el resultado de los exámenes que se les aplica, y que no sea un acto de molestia prohibido por el artículo 16 constitucional. Los derechos humanos son universales e inalienables.
La onerosa operación de este Sistema no garantiza la detección, separación y sanción de policías corruptos. Es incongruente que las autoridades, amparadas en la Constitución y en la ley arriba citada, obliguen a certificarse incluso a personal administrativo, de intendencia, de informática, académicos y otros que no son operativos.
En todo caso, se deben someter a Exámenes de Control de Confianza sólo aquellos elementos que, a consecuencia de una investigación ministerial u orden judicial, se presuma bajo sospecha fundada que estén involucrados en actos ilegales;
4.- Es urgente y necesario democratizar el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública estatal y los comités municipales respectivos, para que sus directivos e integrantes representen a varios sectores de la sociedad, no prioritariamente a empresarios, y que sean electos mediante convocatoria pública transparente, no nombrados por los gobernantes como lo es ahora. Este cambio es con el fin de que la sociedad civil participe efectivamente en el diseño, ejecución y evaluación de las políticas de seguridad pública.
5.- Por último, el respeto a los derechos humanos de las y los policías debe ser una política de Estado. Este suele ser un tema espinoso, evadido por las autoridades, que da lugar a constantes presiones si los policías no cumplen órdenes ilegales, debiendo ser cubiertas éstas a riesgo de recibir suspensiones, arrestos arbitrarios u órdenes de traslado a lugares alejados de sus domicilios, sin el pago de los viáticos y traslados correspondientes, simulados como “necesidades del servicio”.
Consecuente con los estándares nacionales e internacionales, deben implementarse también programas con Enfoque de Género al interior de las corporaciones, mediante actividades tendientes a prevenir y sancionar la discriminación, el hostigamiento laboral y sexual y la violencia en contra de las mujeres policías y custodias penitenciarias.
*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, A.C.

Noviembre de 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

MÉXICO (Y BC) REPROBADO EN DERECHOS HUMANOS EN LA ONU

MÉXICO (Y BC) REPROBADO EN DERECHOS HUMANOS EN LA ONU

Por Raúl Ramírez Baena*

A finales del mes pasado México se sometió al Examen Periódico Universal (EPU), que es un mecanismo del Consejo de Derechos Humanos de la ONU mediante el cual éste vigila cada cuatro años el cumplimiento por cada uno de los 193 Estados miembros, de sus obligaciones y compromisos asumidos en materia de derechos humanos.

El EPU, que es un examen entre pares, es un proceso de revisión interestatal destinado a mejorar la situación de los derechos humanos sobre el terreno. En su turno, como miembro del Consejo, a México le toca evaluar los avances de otros países en la materia.

El EPU se basa en las siguientes fuentes de información: El Informe entregado por el Estado evaluado (que invariablemente es muy optimista), el “Informe Sombra” de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos (que invariablemente es más crítico y realista), los informes elaborados por los Relatores Especiales temáticos de la ONU durante sus visitas a dichos países y las violaciones documentadas por la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de la ONU.

En este último examen a México, el Consejo de Derechos Humanos emitió 176 Recomendaciones, casi el doble de las 93 formuladas hace 4 años (la delegación mexicana solicitó un plazo hasta marzo de 2014 para decidir si las acepta o no), lo que sin duda es preocupante porque refleja un retroceso en el cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos por el Estado Mexicano, que traen como consecuencia el deterioro de los derechos humanos en el país.

La delegación mexicana, que pasó tragos amargos, estuvo compuesta por 40 funcionarios, encabezada por el Canciller José Antonio Meade, por Juan Manuel Gómez Robledo, Subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la SRE; la Subsecretaria de Derechos Humanos de la Segob, Lía Limón y el Dr. Raúl Plascencia, presidente de la CNDH, que encabeza a un organismo autónomo del gobierno (por lo que se extraña su presencia junto a los funcionarios mexicanos).

Democracia de papel

Los países miembros del Consejo de Derechos Humanos que evaluaron a México destacaron de entrada los importantes avances legislativos en este campo, particularmente las reformas constitucionales en materia de justicia penal, aprobada en 2008, y en materia de derechos humanos del año 2011.

Pero una vez desahogada la rigurosa cortesía diplomática, los señalamientos y críticas fueron implacables, sobre todo de Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Holanda, Irlanda, Suecia, República Checa, Nicaragua y Polonia, entre otros.

Lo primero que se demandó al Estado mexicano fue la incongruencia entre los avances legislativos y la falta de voluntad política para concretarlos en beneficio de la población.

Otros señalamientos críticos fueron respecto a temas como la falta de políticas efectivas para el combate a la pobreza y la pobreza extrema, las violaciones a los derechos de la niñez, los migrantes, los pueblos indígenas, los periodistas y defensores de los derechos humanos y la violencia y discriminación de género cuya manifestación extrema son los feminicidios en Cd. Juárez, Estado de México, Guanajuato, BC y otras regiones del país.

También, el uso indiscriminado de la tortura, la desaparición forzada de personas, las ejecuciones extrajudiciales, las detenciones arbitrarias, los cateos ilegales, el no haber abrogado de la Constitución y las legislaciones locales el arraigo, el fuero militar (el desahogo en la justicia militar y no en la justicia ordinaria las violaciones graves cometidas por militares contra civiles) y la violación generalizada a los derechos humanos en el marco del combate a la delincuencia organizada.

La diputada federal petista Loretta Ortíz, presente en la evaluación, manifestó a los medios: “México juega un papel en el que dice respetar los derechos humanos pero en realidad no lo hace, y esto es muy del país; dar una imagen internacional de que celebramos tratados y los cumplimos, pero internamente no es así. Vivimos en una simulación”.

El caso Baja California

El Estado de Baja California, al igual que el resto de las entidades, no está exento de responsabilidad respecto a la mala calificación obtenida por México en el reciente EPU.

El tema de los derechos humanos ocupó uno de los más bajos perfiles en la agenda de la recién finalizada administración de José Guadalupe Osuna Millán: No se realizó la armonización legislativa con la Reforma Constitucional en materia de Derechos Humanos del 2011 (particularmente el Artículo 1º.), no se ha derogado el arraigo en la legislación local; persisten la tortura, la desaparición forzada de personas, los allanamientos y cateos ilegales, las detenciones arbitrarias, la extorsión, la corrupción, la discriminación y la violencia de género como prácticas sistemáticas realizadas principalmente por la Policía Estatal Preventiva y las municipales, sin que existan mecanismos eficaces para su prevención y sanción. El Poder Judicial local hace mutis a estos abusos en sus resoluciones.

Capítulo aparte merece el Sistema Penitenciario Estatal como fuente de violaciones sistemáticas a los derechos humanos de las y los internos. Este sector, como otros, desarrolla sus funciones discrecionalmente, fuera de la mirada y evaluación de la sociedad civil a pesar de la tan llevada y traída “Participación Ciudadana”.

Las autoridades estatales y municipales, sobre todo las policías preventivas, el Ministerio Público y el Poder Judicial, no entienden ni aplican en sus funciones las nuevas obligaciones y responsabilidades derivadas de la histórica Reforma Constitucional en Derechos Humanos del 2011, ni hay mecanismos para su debida capacitación ni para la REPARACIÓN INTEGRAL DEL DAÑO a las víctimas de delitos y de violaciones graves a los derechos humanos.  

La Ley sobre la Procuraduría de los Derechos Humanos no ha sido homologada con lo dispuesto en la Reforma del 2011 antes citada, a pesar de que venció el plazo constitucional de un año para ello. La institución ombudsman de Baja California, que basa su fortaleza en su autonomía, ha mellado ésta y su autoridad moral al seguir siendo rehén de la partidocracia, repartiéndose esa institución y sus puestos mediante las consabidas cuotas de poder, en detrimento de los derechos humanos de la población.

Buen reto se les presenta a los poderes Legislativo y Judicial, al gobernador Francisco Vega de la Madrid y a los presidentes municipales electos que, si saben leer el mensaje derivado del EPU a México y si hay voluntad política para respetar los estándares en derechos humanos y no siguen en la simulación y la reproducción de las medidas pragmáticas e inútiles de sus antecesores, harán crecer la confianza en las autoridades. Si no, seguiremos igual, o peor.

Por lo pronto, la inclusión de José Luis Pérez Canchola en el gabinete de Kiko Vega como asesor en derechos humanos es un mensaje alentador, si lo dejan hacer su trabajo.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, AC
Noviembre de 2013