MÉXICO (Y BC) REPROBADO
EN DERECHOS HUMANOS EN LA ONU
Por Raúl Ramírez Baena*
A finales del mes pasado México se sometió al Examen
Periódico Universal (EPU), que es un mecanismo del Consejo de Derechos Humanos
de la ONU mediante el cual éste vigila cada cuatro años el cumplimiento por
cada uno de los 193 Estados miembros, de sus obligaciones y compromisos
asumidos en materia de derechos humanos.
El EPU, que es un examen entre pares, es un proceso de
revisión interestatal destinado a mejorar la situación de los derechos humanos
sobre el terreno. En su turno, como miembro del Consejo, a México le toca
evaluar los avances de otros países en la materia.
El EPU se basa en las siguientes fuentes de información: El
Informe entregado por el Estado evaluado (que invariablemente es muy optimista),
el “Informe Sombra” de las organizaciones no gubernamentales de derechos
humanos (que invariablemente es más crítico y realista), los informes
elaborados por los Relatores Especiales temáticos de la ONU durante sus visitas
a dichos países y las violaciones documentadas por la Oficina de la Alta Comisionada
de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de la ONU.
En este último examen a México, el Consejo de Derechos
Humanos emitió 176 Recomendaciones, casi el doble de las 93 formuladas hace 4
años (la delegación mexicana solicitó un plazo hasta marzo de 2014 para decidir
si las acepta o no), lo que sin duda es preocupante porque refleja un retroceso
en el cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos por el Estado
Mexicano, que traen como consecuencia el deterioro de los derechos humanos en
el país.
La delegación mexicana, que pasó tragos amargos, estuvo compuesta
por 40 funcionarios, encabezada por el Canciller José Antonio Meade, por Juan
Manuel Gómez Robledo, Subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos
Humanos de la SRE; la Subsecretaria de Derechos Humanos de la Segob, Lía Limón
y el Dr. Raúl Plascencia, presidente de la CNDH, que encabeza a un organismo
autónomo del gobierno (por lo que se extraña su presencia junto a los
funcionarios mexicanos).
Democracia de papel
Los países miembros del Consejo de Derechos Humanos que
evaluaron a México destacaron de entrada los importantes avances legislativos
en este campo, particularmente las reformas constitucionales en materia de
justicia penal, aprobada en 2008, y en materia de derechos humanos del año
2011.
Pero una vez desahogada la rigurosa cortesía diplomática, los
señalamientos y críticas fueron implacables, sobre todo de Dinamarca,
Finlandia, Francia, Alemania, Holanda, Irlanda, Suecia, República Checa, Nicaragua
y Polonia, entre otros.
Lo primero que se demandó al Estado mexicano fue la incongruencia
entre los avances legislativos y la falta de voluntad política para concretarlos
en beneficio de la población.
Otros señalamientos críticos fueron respecto a temas como la falta
de políticas efectivas para el combate a la pobreza y la pobreza extrema, las
violaciones a los derechos de la niñez, los migrantes, los pueblos indígenas, los
periodistas y defensores de los derechos humanos y la violencia y discriminación
de género cuya manifestación extrema son los feminicidios en Cd. Juárez, Estado de México, Guanajuato, BC y
otras regiones del país.
También, el uso indiscriminado de la tortura, la desaparición
forzada de personas, las ejecuciones extrajudiciales, las detenciones
arbitrarias, los cateos ilegales, el no haber abrogado de la Constitución y las
legislaciones locales el arraigo, el fuero militar (el desahogo en la justicia
militar y no en la justicia ordinaria las violaciones graves cometidas por
militares contra civiles) y la violación generalizada a los derechos humanos en
el marco del combate a la delincuencia organizada.
La diputada federal petista Loretta Ortíz, presente en la
evaluación, manifestó a los medios: “México
juega un papel en el que dice respetar los derechos humanos pero en realidad no
lo hace, y esto es muy del país; dar una imagen internacional de que celebramos
tratados y los cumplimos, pero internamente no es así. Vivimos en una
simulación”.
El caso Baja California
El Estado de Baja California, al igual que el resto de las
entidades, no está exento de responsabilidad respecto a la mala calificación
obtenida por México en el reciente EPU.
El tema de los derechos humanos ocupó uno de los más bajos
perfiles en la agenda de la recién finalizada administración de José Guadalupe
Osuna Millán: No se realizó la armonización legislativa con la Reforma
Constitucional en materia de Derechos Humanos del 2011 (particularmente el
Artículo 1º.), no se ha derogado el arraigo en la legislación local; persisten
la tortura, la desaparición forzada de personas, los allanamientos y cateos
ilegales, las detenciones arbitrarias, la extorsión, la corrupción, la
discriminación y la violencia de género como prácticas sistemáticas realizadas
principalmente por la Policía Estatal Preventiva y las municipales, sin que
existan mecanismos eficaces para su prevención y sanción. El Poder Judicial
local hace mutis a estos abusos en sus resoluciones.
Capítulo aparte merece el Sistema Penitenciario Estatal como
fuente de violaciones sistemáticas a los derechos humanos de las y los internos.
Este sector, como otros, desarrolla sus funciones discrecionalmente, fuera de
la mirada y evaluación de la sociedad civil a pesar de la tan llevada y traída “Participación
Ciudadana”.
Las autoridades estatales y municipales, sobre todo las
policías preventivas, el Ministerio Público y el Poder Judicial, no entienden
ni aplican en sus funciones las nuevas obligaciones y responsabilidades
derivadas de la histórica Reforma Constitucional en Derechos Humanos del 2011, ni
hay mecanismos para su debida capacitación ni para la REPARACIÓN INTEGRAL DEL
DAÑO a las víctimas de delitos y de violaciones graves a los derechos humanos.
La Ley sobre la Procuraduría de los Derechos Humanos no ha
sido homologada con lo dispuesto en la Reforma del 2011 antes citada, a pesar
de que venció el plazo constitucional de un año para ello. La institución ombudsman de Baja California, que basa
su fortaleza en su autonomía, ha mellado ésta y su autoridad moral al seguir
siendo rehén de la partidocracia, repartiéndose
esa institución y sus puestos mediante las consabidas cuotas de poder, en
detrimento de los derechos humanos de la población.
Buen reto se les presenta a los poderes Legislativo y Judicial,
al gobernador Francisco Vega de la Madrid y a los presidentes municipales electos
que, si saben leer el mensaje derivado del EPU a México y si hay voluntad
política para respetar los estándares en derechos humanos y no siguen en la
simulación y la reproducción de las medidas pragmáticas e inútiles de sus
antecesores, harán crecer la confianza en las autoridades. Si no, seguiremos
igual, o peor.
Por lo pronto, la inclusión de José Luis Pérez Canchola en el
gabinete de Kiko Vega como asesor en derechos humanos es un mensaje alentador,
si lo dejan hacer su trabajo.
*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos
del Noroeste, AC
Noviembre de
2013
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