¿Quién era Nadia Vera?
Nadia Vera Abya Yala
A Nadia, a nuestra Nadia
Desde el sábado 1
de agosto, los noticieros nacionales e internacionales reportaron que los
cuerpos sin vida de un fotoperiodista y cuatro mujeres fueron hallados en un
departamento de la colonia Narvarte, en el D.F. Lloramos de rabia e impotencia
por el asesinato de Rubén, compañero de lucha, amigo, maestro, colega... Ruben,
uno de los nuestros.
En las primeras
imágenes, Nadia, reconocimos tu casa, rogamos que no estuvieras ahí. Te
llamamos hasta el cansancio, llenamos de mensajes tu facebook, vimos cómo las
horas devoraban nuestras esperanzas hasta que fue confirmado por nuestros
propios amigos. Eras tú, estabas ahí, y también fuiste torturada y asesinada.
Quizá en unos días
algún político farsante nos va a presentar una de sus famosas “verdades históricas”.
Nos va decir que el móvil fue el robo, o un crimen pasional. O que se
equivocaron de casa o que todos eran miembros del crimen organizado. Quizá
incluso encuentren un chivo expiatorio que “confesará” bajo tortura. Quizá
termine en la cárcel por muchos años. Y entonces van a cerrar el caso y
pretenderán que lo olvidemos. Y nos van a amenazar con reprimirnos si seguimos
exigiendo justicia en un caso supuestamente resuelto. Esas son las promesas que
el gobierno sí cumple.
Pero en la calles
nos veremos. En cada esquina vamos a gritar que no les creemos. Vamos a
decirles que no tenemos miedo y que si vienen por todos y cada uno de nosotros,
entonces los estaremos esperando. Pero no nos van a encontrar callados, ni
rendidos, ni doblegados.
En estos momentos
de tristeza y furia no podemos dejar de recordar cómo en estos años que te
tuvimos cerca recibiste todo tipo de agresiones por parte del mismo estado que
en esta ocasión decidió silenciarte para siempre.
En Xalapa, tú
Xalapa, te vamos a recordar como la estudiante universitaria que participó
activamente en las movilizaciones en contra del alza al transporte. Con tu voz
firme y tus pies pequeños que dejaron huellas que muchos comenzamos a seguir
poco después.
Te vamos a recordar
como la activista que la tarde del 1 de septiembre del 2012, tras los
fraudulentos comicios electorales, entró junto con nosotros a tomar el palacio
municipal de Xalapa, desde el que elevamos nuestras enérgicas protestas en
contra de la farsa electoral. Inmediatamente después, cuando aún sonaba el eco
de esas marchas multitudinarias organizadas por 63 días desde la Acampada
Lerdo, recuperamos y activamos junto contigo el espacio que todos conocimos
como “Casa Magnolia”.
Ahí te vimos reír,
te vimos gritar, dormir, bailar, discutir, aprender, enseñar, ayudar y
construir eso que era nuestro proyecto colectivo más ambicioso, nuestro centro
cultural autogestinado.
Ahí te acompañamos
en los talleres, en las conferencias, en los eventos culturales, en las fiestas
y en los bailes. Fue durante ese periodo que nuestras protestas comenzaron a
recibir una escalada de violencia, ordenada, como siempre, desde las oficinas
de gobierno.
Recordamos, por
ejemplo, que el 15 de septiembre del 2012, fuimos golpeados y tres de nosotros
"levantados" torturados y amenazados por policías estatales,
obligados a recitar las últimas palabras con una pistola en la nuca --para
después de sembrado el terror-- ser abandonados en las cercanías de la central
de abastos.
El 2 de octubre de
ese año, después de la protesta en que recordamos a los compañeros asesinados
en el 68, sujetos desconocidos allanaron tu casa. Revisaron tus cosas y se
fueron sin robar nada. Tiempo después, nos dijiste con ese sarcasmo tan tuyo,
“Tenía yo tanto desmadre en la casa, que para que yo me diera cuenta de que se
habían metido, hasta tuvieron que limpiar y ordenar un poco… sólo por eso lo
noté. Después vi que hasta se habían bañado…”
Valiente y necia,
te resististe a mudarte de ese departamento por meses.
Recordamos la tarde
del 20 de noviembre de ese mismo año, cuando nuevamente fuimos reprimidos y
encarcelados por mostrar una enorme pancarta que expresaba lo que hoy es incluso
más válido que entonces: “Javier Duarte, te tenemos en la mira. El pueblo no
olvida ni perdona”.
Ese 20 de
noviembre, fuiste sometida por mujeres policía que te arrastraron por la calle
y te dejaron visiblemente golpeada. Desde entonces siempre lo dijiste: “las
policías pueden ser más cabronas que los hombres”. No lo olvidamos cuando las
vemos caminar por las calles, estrenando sus uniformes de la fuerza civil.
Después de ese día,
Nadia, nos contaste que te sentías amenazada. Que te estaban siguiendo constantemente,
que te vigilaban, que afuera de tu casa reconociste más de una vez a una de las
mujeres que te detuvieron en aquella ocasión y sólo entonces te convencimos y
te convenciste de mudarte de casa.
Aún así nos
acompañaste por las calles de la ciudad mientras expresábamos nuestro repudio a
las reformas estructurales. Usando tu cuerpo de pancarta, protestaste con
nosotros contra la reforma energética que entregó PEMEX al mejor postor.
Siempre sabia, siempre con palabras fuertes para los que no tomábamos las
medidas de seguridad adecuadas, viste crecer a nuestro lado el hostigamiento,
la persecución, la vigilancia constante de nuestros pasos. La represión.
En 2013 te vimos
marchando al lado de miles de maestros que rechazaban la reforma educativa. Como
Rubén, viviste en carne propia la brutal represión de aquel 14 de septiembre,
cuando fuimos desalojados con violencia de la ahora llamada Plaza Regina por
las fuerzas policiacas del estado, esas que no dejaban de golpearnos con sus
bastones eléctricos a estudiantes, maestros, periodistas...
Estuviste ahí en
los largos y aburridos tiempos de espera en la Comisión Estatal de Derechos
Humanos, mientras levantábamos nuestras quejas. Tú lo sabías, nosotros lo
sabíamos, era un ejercicio casi inútil, pero un precedente más para evidenciar
la violencia del estado.
El año pasado, en
2014, participaste activamente en las marchas para exigir la aparición con vida
de los 43 normalistas de Ayotzinapa, pero de nuevo sentiste el acoso de la
gente del gobierno y decidise por fin alejarte de Xalapa, autoexiliarte al DF,
y trabajar en lo que te hacía sentir feliz: la Gestión, Producción y Promoción
Cultural.
Desde allà apoyaste
nuestros pasos, las denuncias, la difusión, el monitoreo, la acción solidaria
ante el aumento de la violencia que creció más y más hasta llegar a ese 5 de
junio, hace apenas dos meses, en el que 8 de nuestros compañeros de lucha
fueron brutalmente atacados por un grupo parapolicial, con machetes, palos,
bates y armas de fuego. La agresión más brutal y más directa que vivimos...
hasta entonces.
Nadia, el sábado
supimos la trágica noticia. No lo queríamos creer. Aún no lo podemos aceptar.
Ultimaron a una
mujer de 32 años, originaria de Chiapas, dijeron en sus declaraciones
oficiales. Para nosotros, tus amigos, no eres una... eres Nadia, nuestra Nadia,
eres tu voz ronca y tus regaños, tus carcajadas, tus fiestas; eres cada uno de
nuestros recuerdos, de nuestros debates políticos, de la pláticas cotidanas.
Eres también la productora de arte escénico, la organizadora de muestras
internacionales de cine. Eres iniciativa, eres camino, resistencia y fuerza,
eres lucha, voz, arrojo, denuncia. Eres eso que somos, Nadia, eso que se queda,
aunque te hayan asesinado.
Hoy es lunes y no
sabemos quién va a cuidar a tus perros. No sabemos quién nos va a cuidar a
nosotros. Llenaríamos mares de lágrimas con todo lo que no sabemos. Pero hay
cosas que tenemos claras. Hay cosas que sí sabemos.
Tu cuerpo fue
mancillado pero tu lucha y tus ideales se mantienen intactos. No sabemos quién
jaló del gatillo pero sí sabemos quién dio la orden. Lo sabemos y lo gritamos.
Conocemos su nombre y su apellido. Sabemos también que sus acciones son
desesperadas, igual que las de un perro acorralado.
Lo decimos hoy y lo
diremos siempre. No olvidamos. No perdonamos. Fue el Estado. Javier Duarte:
fuiste tú.
Xalapa, Veracruz, 3
de agosto de 2015.
Comité
Universitario de Lucha

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