LAS LECCIONES DEL CASO
ADAL
Por Raúl Ramírez Baena*
Todos hablan de paz pero nadie educa para la paz.
En el mundo educan para la competencia
y la competencia es el comienzo de cualquier guerra.
Pablo Lipnizki
Hace unas semanas la sociedad bajacaliforniana se consternó e
indignó a raíz de un video subido al Facebook por un adolescente de 17 años
llamado Adal en el que se observa como el joven somete, sodomiza verbalmente, humilla
y tortura en Tijuana a un indigente (https://www.youtube.com/watch?v=f477uAtYKWs).
De inmediato el video se hizo viral y, contrario a las
intenciones de Adal, los internautas se volcaron en repudio a sus acciones,
reprobando su conducta antisocial y culpando de ello a una mala educación
inculcada por sus padres.
Ello nos lleva a hacer las siguientes reflexiones:
1.- Sin duda algo anda mal en la conducta de Adal y evidencia
fallas en la formación ofrecida por sus padres, pero mal haríamos en ver este
hecho como un caso aislado e individual; es algo más que eso: Es el resultado
de la descomposición social, de la ruptura del tejido social, de la
construcción de una sociedad egoísta, insensible, individualista y materialista,
mercantilizada por el modelo de desarrollo basado en la Economía de Mercado, es
decir, en las ganancias, en el valor supremo del dinero y lo material antes que
en la dignidad de la persona humana. Con ello viene la corrupción en todas sus
escalas. Es el resultado de una “cultura de la violencia” exacerbada por los
medios, en lugar de una “cultura de paz”, donde el principal responsable es el
Estado;
2.- No es la primera ni será la única vez en que actos de
violencia se muestran en las redes, en los medios y en otros espacios sociales,
lo que en buena parte es consecuencia del Modelo Educativo. El Estado ha optado
por imponer como política educativa la “Educación por Competencias” (los
alumnos deberán ser “competitivos” en los puestos de trabajo que habrán de
ocupar), quedando en un segundo plano en los programas curriculares los
principios de solidaridad, fraternidad, empatía, respeto a las diferencias,
resolución pacífica de conflictos y paz, así como el hábito a la lectura y
materias como civismo e historia, como parte de la formación humana integral del
alumnado, propiciando de paso el desconocimiento y menosprecio a los derechos
humanos, entre ellos el derecho a la no discriminación. En consecuencia, en México
no se construye “ciudadanía”, a pesar de que somos una nación con una rica
diversidad étnica y cultural;
3.- Como resultado de lo anterior, el lenguaje utilizado por
Adal para someter al indigente evoca una y otra vez al órgano sexual masculino
para sodomizar al hombre, lo que nos habla de una pobreza en el modelo de
comunicación de las nuevas generaciones, porque, a falta de otras opciones
formativas dada la riqueza de nuestro idioma, ese lenguaje se ha popularizado y
es utilizado de manera coloquial por menores y jóvenes, hombres y mujeres –incluso
profesionistas-, como algo “normal” que aprenden las y los niños en su entorno
familiar y comunitario, lo que demuestra una patología social, un retroceso en
la evolución progresiva de los valores éticos y morales de la sociedad;
4.- La falta de una cultura de los derechos humanos provoca
actos de tortura como los cometidos por Adal y sus amigos en contra del
indigente, al quemar reiteradamente su piel con un cigarro. Si las autoridades
torturan, si los sicarios torturan y los perpetradores no reciben castigo, qué más
da, es parte de lo normal, y hasta divertido;
5.- Es lamentable también que el exceso de alcohol y
posiblemente de drogas por parte del indigente, la víctima, lo lleve a
someterse al grado extremo, enajenado, admitiendo sin chistar todo suerte de
improperios y malos tratos por parte del adolescente y de quienes grababan la
aberrante escena;
6.- Si bien debe prevalecer un clima de respeto a la Libertad
de Expresión, aún en las redes sociales, no es admisible que se promueva por la página virtual de “Anonimous”
la justicia en propia mano, ni exhibir las fotografías y nombres de los padres
y el hermano de Adal, porque se está propiciando el linchamiento mediático aún
antes de saber el grado de responsabilidad de los padres en su conducta
antisocial, algo que las autoridades deben deslindar. Es a las autoridades a
quienes debemos exigir justicia legal y justicia social, y prevenir casos como
este, ofreciendo alternativas reales a los derechos de la niñez y la juventud.
Adal ya se disculpó y avisó que deja Tijuana, recibiendo una
dura lección de vida; la madre ya dio la cara por su hijo ante las autoridades y
los medios. ¿Y el Estado omiso? ¿Y la sociedad permisiva?
*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos
del Noroeste
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